Un cubo

Me siento solo y me da miedo. Me siento solo en este mundo tan lleno. Me siento afuera de lo que pertenezco. Y me da miedo. Temor. Ira. Desconfianza. Fuerza. Crueldad.

 

Construyo muros, levanto paredes, hasta hago un techo para no mojarme si llueve, porque sentirse solo y frío en el medio de la lluvia me da miedo. Construyo muros y entonces espero, espero que lo de afuera no se acerque, que lo malo no me toque ni me aceche. Y ahí veo a lo lejos a la gente sonriendo. A la gente llorando y riendo. Pero hasta llorando parecen felices. Noto sus lagrimas caer, hace mucho que no dejo una lagrima caer. Lo veo y parece liberador, siento toda la energía que hay en esa lagrima. Siento la felicidad de la gente, la alegría y el amor, la interacción.

 

Y quiero vivirlo, quiero gozarlo, yo quiero eso que parece tan bueno. Pero la pala que use para protegerme se ha roto y las paredes me acechan y me agobian con una falsa seguridad, y aún pudiendo avanzar con mis manos, abrirme paso, estoy cansado y sin fuerzas. Y me da miedo. Esforzarme más de la cuenta

 

 ¿Valdrá la pena?

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La insegura

Y si decidís que esta va a ser la última vez, hagamosla durar en el tiempo.
Que no se termine, que siga corriendo, que siga brillando, que siga bailando y viviendo. Veamosnos con la boca, hablemos con los ojos y bailemos con la cama.

Y si decidís que te hago daño, te pido perdón. Te pido perdón por no decírtelo antes, por saberlo desde hace tanto, desde hace demasiado, desde antes incluso de conocerte. Y si decidís que te hago daño date cuenta que vos me hiciste daño, que yo te hago daño porque vos la empezaste y yo la seguí, aún sin querer. Y date cuenta que si yo te hago daño es porque vos querés, y mi cuerpo tiene debilidades por lo que vos queres.

Y si decidís seguir con tu vida sin mirar atrás, prometo dejar de ser una piedra en el zapato, y dejarte caminar hasta el horizonte sin importar cuantas lágrimas me cuestes. Prometo tratar de no tirarte del brazo para que voltees, prometo no tentarte, prometo no hablarte y no verte, y seguir así hasta dejar de conocerte. Prometo quedarme ciego, sordo y mudo, atarme al suelo  cortarme las alas que vos me hiciste creer que tenía.

Pero quién sabe… Quizás yo termino decidiendo.

Oda al guerrero que se rindió

A veces hay que ceder antes los momentos de debilidad, soltarse el pelo, sacarse la armadura… y dejar que flecha por flecha, herida por herida, los problemas y el pasado nos consuman. Caer rendido en el medio del suelo de batalla. Dejar de avanzar, aunque sea solo un momento, y dejar que el enemigo sienta confianza, que las posibilidades se vuelvan imposibles, que  lo bueno se vuelva malo, que las nubes cubran al sol y que el pasado te cague el presente.

Y volverse melancólico, extrañar el momento en que esa flecha que ahora se clava en tu estomago, en un pasado te diera fuerza, te protegiera. Amigarte con lo malo, con lo feo, con lo tonto y con el trauma. Dejarlos que te controlen.

Y todo esto ¿Para qué?

Y todo esto con un solo objetivo, sentirte liviano, vivir liviano. Sacarte la armadura que te pesa, la coraza que te evita sentir todo lo que recibís. Porque vivir así no es vivir, y morir así no es morir. Poder moverte con libertad, desprotegido de todo y todos, poder vivir con libertad, porque así se siente vivir.

A veces hay que ceder antes los momentos de debilidad, soltarse el pelo, sacarse la armadura… y dejar que flecha por flecha, herida por herida, los problemas y el pasado nos consuman. Pero no siempre se puede y casi nunca se recomienda. A veces hay que ceder ante todo para luego avanzar. Después de caer en batalla hay que volver a levantarse y seguir luchando. Hay que volver a esa armadura, sentir esa armadura, sentir con y a través de la armadura, dejar de ser tan libre. Porque así se siente vivir también.

 

Una experiencia

“El tiempo todo lo cura” decía una señora…

El tiempo pasa y las letras siguen, uno lee y se relee. Es una experiencia interesante leerse a uno mismo, leer a sus “yos” del pasado, como se sentían, como se expresaban, sobre quien hablaban. Yo me leo y me releo, y no por nada dicen también que el tiempo es relativo. Todo está pasando y no está pasando, mientras yo escribo, yo me estoy leyendo y estoy escribiendo lo anterior y lo siguiente. Y mientras yo me leo, yo me re-leo, y me vuelvo a sentir, me vuelvo a entender como ya me entendía, y me vuelvo melancólico mientras miro al futuro.

Es una experiencia laboriosa leerse a si mismo. Es mirarte ante el espejo, un espejo que refleja todas tus formas, te muestra tu pasado, presente y quizás hasta futuro. Te muestra con lujo de detalle, y uno no puede hacer más que criticar, recordar y hasta si se tiene suerte enorgullecerse, ser soberbio por unos minutos. Uno entabla un dialogo ficticio con su yo ficticio, su yo que ya pasó, ese yo sin la experiencia suficiente para ser vos. Y uno trata de enseñarse lo que no sabía, de corregirse lo que erraba, de arreglar lo que rompía. Sin darse cuenta de que si eso no hubiera ocurrido, no podría estar en ese momento, en esa hora y lugar, enseñándose que aprendió lo aprendido, y entendió lo que no.

La locura

Sos como ese momento que te describí, ese en el cual quiero decirte un millón de cosas distintas, pero simplemente no encuentro las palabras para hacerlo.

Yo, un escritor desde que recuerdo, un enamorado de las letras, los poemas, los libros, el papel o la computadora, sin letras ni palabras con las que expresar sus emociones. Eso sos, eso haces, me dejas sin palabras, sin aliento. Dicen que la vida no se mide en años, sino en esos momentos que te quitan el aliento. Vos me das vida. “Yo soy la vida que ya tengo, tu eres la vida que me falta”.

Sos ese escape del resto de mi vida, esa persona en la que ves mil cosas que no ves en vos. Sos distinta, sos extraña, sos única. Sos la aguja en el pajar. Sos el motivo por el cual suelo sonreir y por el cual suelo estar mal. Soy del que todos se ponen de mi lado, ¿Y quién no lo haría? Si tengo a la chica de los sueños y pesadillas. A esa loca molesta que con dos palabras te da vuelta el cerebro y con un beso te para el mundo. 

Sos la que no se da cuenta de como es, ni de lo que vale. la que tiene miedo de saberlo. Pero yo descubrí bastante sobre eso. Descubrí que vales lo que un tesoro, lo que mil estrellas, lo que una vida. Sos una habitante más en mi mente, con un espacio reservado. Y de vez en cuando salís a dar vuelta y dejar todo patas arriba- Y me encanta. 

Walaby

Pensar me arruina, me recuerda, pensar me hace pensar. Todo cuando lo pensás demasiado…. y bueno, siempre demasiado es malo.

Te pones a pensar en el tiempo, tomándome de ejemplo, he vivido 17 tortas de cumpleaños, he vivido 17 “primaveras” dirían otros, 17 grados distintos de estudio, 17 años, 17 vacaciones de verano, 16 de invierno, 17 septiembres, octubres, noviembres y diciembres, aproximadamente 55 profesoras de las que pueda tener algún recuerdo, dos escuelas y dos jardines, alrededor de diez personas besadas, miles abrazadas, miles de amigos, siete años de primaria y cuatro de secundaria, más de cuatro esguinces o lesiones, más de dos o tres minusvalías/deficiencias/discapacidades en mi cuerpo, más de cien escritos, menos de cien libros leídos por muy apenado que me ponga, algunos yesos, una perdida de lo que llaman inexperiencia, al rededor de cuatro celulares, y un millón de notificaciones, suficientes chicas que me gustaron, miles de molestias, cerca de 6 mil días vividos, un quinto de ellos vividos en parques, y un cuarto en mi casa, una habitación, tres novias, diez cortes de pelo por tirar, miles de cumplidos a mis ojos, un boludeo de dos meses, más de 10 mil letras escritas, más de mil pruebas, un instrumento, alrededor de ocho mejores amigos, tres en la actualidad, un hermano, dos padres, dos abuelos, una bisabuela, tres tíos  varios primos, muchas sonrisas y caras de orto, halagos[más insultos], miles de peleas, descomposturas, mucho más que el numero más grande que se te ocurra de canciones cantadas y cosas dichas y no dichas, y de cosas guardadas, miles de miedos, miles de teclas apretadas una y otra vez, suficientes experiencias, un bar mitzva, piñas borradas por una memoria selectiva, pocos apodos, dos nombres y un apellido, miles de sombras y momentos incómodos  Cuatro o cinco relojes, pocos colectivos tomados, 4912 tweets, 5 años en facebook, 17 navidades y años nuevos, ninguna mascota aún, tres desmayos, 3 años de un curso de inglés, y un amor desafortunado por las letras y libros, y aún más por ser el autor de esas letras y esos libros…

me encantó jaja

Chusmia lo que quieras

”Se acabaron los gestos. Es muy evidente. SE que fuiste vos”, le dijo el juez de todos, ese que decide cuando termina el caso, el juicio, y hasta para algunos un simple juego.

Todos lo vieron. Bah, todos, los que quedaban, porque había matado a todos, menos a su socio, al policía que lo detuvo, y al juez. Si, como leen: ”a todos”.

No tenía escapatoria, era él:

D- ¿yo? – Dijo como burlándose del Gran Bonete.

J- Sí, vos.

D- No, yo no ¿Cómo voy a ser yo?

J- ¿Entonces quién lo tiene? – Dijo el juez, para terminar de emular a semejante mítico personaje infantil.

”D” dio vuelta su única defensa: una carta. Un 4 de copas, esa que nadie quiere. ”¡Me escapo del pueblo!” se escuchó llegar desde el fondo.

Y algunos siguen sosteniendo que con el ancho de espada no se pierde nunca…

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Necesitar necesitar

Tener que admitir que necesitas a alguien no tiene sentido, porque el necesitar en sí es una necesidad vital [tenemos la necesidad de necesitar], pero esas necesidades se encuentran compuesta por el dormir, comer, tomar, respirar, cojer, etc, y no de otra persona, no existe el necesitar a otra persona.

Entonces cuando uno admite decir que necesita a otra persona, aparte de significar una completa incoherencia, significa que la quiere y que se arriesgó a aferrarse un poco, quizás demasiado, a ella. Debe admitir que tiene la molestia de importarle, de que se importe por esa persona, y cuando uno cede ante esa necesidad que no es una necesidad, sino la necesidad de necesitar, termina por marear a todos, por marearse a si mismo, y arriesga todo lo que tiene, ya sea poco o mucho, por acostumbrarse a la otra persona.

Acostumbrarse, una de las sensaciones más peligrosas, acostumbrarse te hace olvidar lo que querés, te acostumbras a “lo que querés” o haces, y todo se vuelve rutina, pero acostumbrarte a una persona es aún más peligroso, porque ninguna persona es completamente regular, y ninguna actúa como el cuerpo, nuestra mente idiota, espera que actúe.

Entonces, si una persona desaparece, o simplemente se sale de tus limites, ¿Qué hacer con esa costumbre? Aparece un vacío, que quizás se llene con bronca, enojo o tristeza, porque cuando te acostumbras a alguien, este se alquila un espacio en vos, pero de un día a otro puede no pagar más la renta.

El pasaje

Lucas se despertó, tardó tres o cuatro minutos más en levantarse, miró fijamente una de sus zapatillas que se encontraban tiradas al lado de la silla con su ropa usada, pero que podría volver a utilizar, aunque eso no fuera a ocurrir. La miró un rato largo, fijamente, en verdad solo fueron cinco minutos, pero su mente pareció tildarse una eternidad, una eternidad que duró minutos, al parecer Einstein y su no se que de la relatividad tenían cierta razón.

Bajó las escaleras de su casa hacia el comedor, ni se preocupó en hacer silencio, por la hora toda su familia ya tendría que haber salido, su madre a trabajar en el hospital militar, su padre a enseñar a la facultad de filosofía y llevar de paso a su hermana, quien estudiaba en la secundaria justo al lado. Con cara de quien no quiere la cosa, empezó a preparar su desayuno. Si uno mirara a Lucas desde lejos no notaría nada anormal, pero al acercarse se nota, se ve al simple tacto de los ojos, que Lucas era un robot, no uno de verdad, Lucas no pensaba lo que estaba haciendo, estaba en una especie de modo automático, donde la mente se encuentra apagada hace mucho tiempo pero el cuerpo sigue una rutina preestablecida. Él terminó de preparar su desayuno, y luego de comerlo, entró a la computadora a revisar -Por rutina-.

Vió unas fotos de un viaje de un amigo, que había conocido gracias a un grupo de facebook. Había viajado a distintos desiertos del mundo, por unos segundos la envidia que en si mismo nacía le permitió un ápice de pensamiento, y Lucas evaluó lo atrapado que se encontraba en la ciudad, o mejor dicho lo mucho que le gustaría viajar y ver nuevos lugares, nuevas cosas, personas, nuevas oportunidades y vivencias. No tardó mucho en autoconvencerse una vez más de que su vida estaba bien, y que si seguía así por lo que fuere, ya fuera por un tiempo, o un tiempo durara por siempre, estaba bien, y volvió a su cara melancólica, con una mirada que a simple vista no expresaba nada, más bien, expresaba nada, aunque cuidadosamente denotaba en un descuido una especie de tristeza con conformismo que la cultura le supo inculcar.

Se vistió por fin, y salió a la calle, donde se subió a su patineta que estaba al lado de la moto con la que solía entregar las pizzas en su trabajo de medio tiempo, de jueves a domingo. Anduvo un rato largo tratando de hacer algo que no hubiera hecho antes, de pasar por lugares que nunca pasó, pero su mente volvía siempre a lo mismo y al no poder decidir, terminó en la casa de la que suponemos que era su novia.

Ella bajó con una gran sonrisa, siempre tan contemporánea, él también la envidiaba, lo vio y su cara cambió de tono unos segundos. Abrió la puerta lentamente, caminó unos pasos, hasta quedarse frente a él en silencio, en realidad frente a su pecho, quizás porque ella era muy baja, quizás porque él era demasiado alto. Lo besó, esto lo tomó por sorpresa, y se sorprendió de vuelta por haberse sorprendido, el beso duró lo que podría durar una lluvia de primavera, se abrazó a él mientras lo besaba, él sintió las emociones a flor de piel, y se sintió fascinado y con miedo, algo estaba pasando. Caminaron para todos lados, normalmente ella decidía donde, cuando, y qué, pero esta vez simplemente ella daba vueltas y vueltas como indecisa. Pasada ya una hora de caminata con ambos cansados, miró a su reloj, miró a la izquierda, donde se encontró de frente con la estación de ómnibus que llevaba al aeropuerto, y ahí detrás vio a la familia de Lucas, a su padre, su madre y su hermana, los tres sonreían, con unas valijas, sonreían con miedo, pero con un buen miedo.

Ella miró nuevamente a Lucas, quien no comprendía bien lo que sucedía después de haberlos visto también, lo besó nuevamente, esta vez con aún más pasión si esto es posible, como si quisiera que el beso le quedara para siempre pegado en los labios, como si a cada exhalar pudiera volver a sentirlo, como una despedida en la que las palabras sobraban.
Y al separarse de él, dejó caer en sus manos un pasaje de avión con un destino que nadie pudo leer. Y recién ahí Lucas entendió lo que sucedía, Lucas entendió su impotencia frente a si mismo, su rehúso a sus propios sueños, entendió como él mismo era su propio obstáculo, y como ese “algo nuevo” que buscaba se acercaba poco a poco, y todo debido a que los demás lo ayudaron, a que todos los demás notaron lo que él trataba de no notar. Descubrió que de un momento a otro, todo había terminado, y gracias a que todo terminaba, algo más estaba comenzando, y ante esa nueva aventura, se sonrió a si mismo, y se encontró en los ojos llorosos de su novia con una sonrisa.  Y  lloró, lloró mientras la abrazaba, lloró por todo lo entendido y por todo lo que esperaba entender, simplemente lloró de felicidad, porque llorar también era algo nuevo, y aunque se sintiera mal o bien, necesitaba vivirlo.

Dos células cualquiera

Que sabes que siento pero no sabes que siento, ni que sentís, ni que se siente, que si de sentir se habla, no sentís lo que sentís y sentís lo que no sentís, pero tenes miedo y estas nerviosa.

Bueno, yo te voy a decir lo que siento, porque siento mil y una cosas, y por más que detesto ser cursi a todos nos llegan los momentos. Con vos, estar con vos, es, no se que es, es cursi, es divertido, es entretenido, ralentiza el tiempo, o lo acelera, ansío toda la semana estar con vos,  y el momento en el que mi deseo se cumple, en dos segundos se pasan cuatro horas, o en cuatro horas dos segundos. Sos un fantasma que me molesta, me molesta extrañarte, me molesta la distancia, me molesta extrañarte aún antes de que te vayas. Sos mi inseguridad, mis nervios hechos palabras, tu inseguridad hace a la mía, vos me descolocas, me sacas de lugar, mi base con vos se va volando. El día se hace noche y la noche se hace verano, y el verano invierno, yo sigo con cara de dormido. Tu sonrisa me basta, me sobra, para toda la semana, saber que yo soy capaz de sacarte esa sonrisa, de hacerte reir, de hacerte avergonzar, sufrir, de hacerte amar, no lo llamaría un honor ni un privilegio, pero me siento con un don, me siento que dios o quien quiera me dio un don. No podría decir que sos la más hermosa que conozco, porque no le voy a mentir a mis palabras, sos fea, tan pero tan fea que te comería a besos, que te mordería completa, te recorrería de pies a cabeza sin tocarte ni un pelo, te memorizaría. Porque sos más que solo vos, sos tus palabras, tu inseguridad, tu belleza, tu poca decisión, tu sonrisa, tu mala onda, tu llorar, tu cara de boba, tu activismo, tu forma tan distinta de ver las cosas.

Y que nunca nadie digo que yo estoy enamorado, y menos de vos, porque yo no se lo que eso significa ni pienso averiguarlo por si las dudas, yo solo se que te amo, y lo diría mil veces más, pero mis palabras se me asquean, porque solo eso sé cuando estoy con vos, porque me volvés loco te quería hacer notar, más de lo que decís que estoy.